15.5.09
LA ESFINGE
Sentado junto a las dos narigonas, esperaba la pregunta que me dijera cómo volver a casa. Las nubes iban a poca altura y los álamos quebraban el campo de polo. Como astillas gentiles en un viejo taco de billar. Mi lengua intentaba ubicar esta situación en alguna coordenada razonable, pero entonces alguna de las narigonas me miraba y no sabía resolver.
De pronto la vi, escoltada por tres napoleones y un murciélago blanco.
Los años le habían dejado algunas marcas, pero todavía tenía el aura de los esperpentos originales. Era bella como una dama de avignon, todos hubieran querido amarla y provocarle un grave aliento matinal.
Pasó por mi costado sin darse vuelta. El dolor fue ácido, directo a los ojos. Mi rostro cambió de color y comencé a ver cosas. La narigona de la izquierda me lamió una oreja para sentir el gusto de lo que me pasaba. Del cielo bajó un camello tirado por dos estatuas de piel. Una de ellas era mi padre, que me invitaba a volver al hogar. Cuando iba a decirle, me invadió un chubasco de hipos. Las narigonas se rieron con las tetas, desaprobaron este amor silencioso, y latiguearon a mi padre.
Hubiera resistido, pero después de verla… me aburría estar lejos de ella. Busqué un paracaídas, y me inflé hasta volar detrás de su caravana. Era demasiado pedir que me salvara, o que al menos que me despertara de este viaje.
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2 comentarios:
bueno, amigos, no sé qué hacer con 2008 y 2009. ya no me da publicarlos acá.
qué se les ocurre?
ey! y en papel? estas armando algo?
vi que lees mañana! son 2008 y 2009?
beso
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